Reseña de «La vuelta al día», de Hipólito G. Navarro

RESEÑA DE «LA VUELTA AL DÍA», DE HIPÓLITO G. NAVARRO
Manu López Marañón
Reflexiona Cortázar en «Clases de literatura» (Alfagurara, 2013) sobre aspectos esenciales del cuento. 
Los cuentos no son nunca, o casi nunca, problemáticos: para los problemas están las novelas, que los plantean y muchas veces intentan soluciones
Resalta el argentino la ineludible potencialidad del cuento; uno logrado tendrá una proyección que despierte una larga serie de aperturas mentales y psíquicas. Y se sorprende de cómo ese «orden cerrado» –cuya duración e intensidad configura el cuento–, tan alejado del juego abierto que supone cualquier novela (en la que entra y cabe todo),  genera el tipo de narración que, como pasa con algunas fotografías, deja un mayor poso.

A lo expuesto por el maestro argentino apostilla, en recientes declaraciones, su aventajado discípulo,
Hipólito González Navarro:
Un cuento es una obra de arte en sí misma, cada uno es un ente. Otros géneros no permiten ese juego con el lenguaje ni la forma.
Tras una larga espera, la editorial madrileña Páginas de Espuma ha publicado recientemente «La vuelta al día», el nuevo libro de cuentos de Hipólito G. Navarro, ineludible referencia de la Narrativa Breve en castellano.
 

Desconociendo su obra anterior, he encontrado en él algo que me ha satisfecho plenamente (ese algo lo he sentido asimismo, durante el año que acabamos de despedir, con otros dos libros de relatos: «Hasta el fin de los cuentos», del zaragozano José María Conget –Pre-textos, 1998–, y «Madame Ming y otros relatos», de la madrileña Bárbara Aranguren –Huerga y Fierro, 2010–). Y estos júbilos míos vienen propiciados por relatos en los que los personajes no están nunca, como plantados figurones, al servicio de la trama para que la trama pueda echar a andar. Que el mecanismo del cuento, sus elementos estéticos y su combinatoria literaria –con todo lo que tiene de bello– se encuentren subordinados a los personajes es lo que más prefiero.

«El cuento es una narración breve de contenido expectante que se intensifica y aclara en el desenlace», y sobre esta ortodoxa definición parece haberse edificado el quehacer del autor onubense. Fraccionado en cinco partes, los relatos que conforman su nuevo libro pueden agruparse siguiendo otras divisiones como la que propongo. Salvo en un par de notorias excepciones (que señalaré) ha sido el enfoque realista el preferido por Hipólito.
 

En el conjunto mayoritario ocho narraciones escarban en la creación artística y sus aledaños, prestando preferente atención a la escritura, los libros y al arte de leer. «El infierno portátil» es una invitación a la lectura a la que se llega por esos dedos tostados por el hierro candente de una fragua. En «Nahir» un escritor con temor a volar debe tomar un avión para un ineludible sarao literario. «Balance» elogia al artesano ensimismado y ajeno a los riesgos profesionales que conlleva cualquier labor. En «Los artistas cautivos» un pintor deja la ciudad y va a vivir a un pequeño pueblo. «Mucho ruido y pocas nueces» enumera con distancia los meticulosos preparativos que supone representar una obra teatral. En «Los K» un escritor confiesa su tendencia irreparable a perder archivos informáticos. En «La vuelta al día» el narrador ve en su pueblo de verano a los jóvenes de hoy y compara su triste diversión con las actividades nocturnas de su cuadrilla, con aquellas lecturas de Poe y Kafka que los aterrorizaban. Y «La poda y la tala de los árboles frutales» sirve para que el narrador recuerde cómo su dipsómano padre le insistía en que un libro es lo más importante del mundo. El largo lamento por haber extraviado el único libro de su progenitor –un tratado sobre la poda y la tala– pone broche de oro a esta extraordinaria colección de relatos.

Gusta Cortázar de rematar sus relatos con un final contundente, lo que él llama «dejar K.O. al lector». Hipólito G. Navarro ofrece cuatro que han acabado con mi cuerpo literalmente en la lona. En «Las estampas del timo» el narrador cuenta su pasión por una compañera de Facultad a la que acompaña, como su sombra, un tarado. En «El fondo de la memoria» un hombre aguarda en su casa la llegada de su mujer, que viene a recoger sus cosas para abandonarlo. «Tantas veces huérfano» rememora una disputa tabernaria en la cual un hombre murió acuchillado. Y «Una infidelidad» relata el viaje de un conductor solitario ante el que desfila una variopinta galería de personajes que conforma un inaudito mosaico.

Dos cuentos acontecen en momentos históricos diferentes. Ambientado a finales del siglo XVI, en «Luisito Tristán» el protagonista acompaña el erudito retiro de un santo en su gruta. En «La nota azul» se celebra –en el París del siglo XIX– una reunión de artistas en la que descuellan Chopin, George Sand y Delacroix. El pianista persigue en su teclado la nota que acompañe el chispeante encuentro… A este relato la irrupción de lo fantástico confiere su notable personalidad.

El otro cuento fantástico –en este caso enteramente fantástico– es «Rifa», casi un microrrelato en el cual, tras esparcir las cenizas por el pueblo donde pasaba sus veranos, el difunto reciente pisa sus calles nuevamente sin dejar rastros.

Un abundante grupo lo conforman siete relatos por los que campa el humor, resultando mayoritario el registro irónico. Así, en «Verruga Sánchez» la mujer de un hombre de vida social arrebatada reconoce cómo la extirpación de una arruga que afeaba su rostro lo ha hecho perder brillo. En «Mire, no estoy para bromas ahora mismo» un ex presidiario no se encuentra en la calle y hará lo posible para regresar a la cárcel. «Puentes y acueductos» cuenta cómo, al silbado de una anciana que divisa turistas, un pintoresco pueblo se pone en funcionamiento para representar su laboriosidad.

Acrecienta al matiz irónico un tono, entre erótico y pornográfico, que el autor desarrolla –por primera y única vez– en «Los otros Tiresias y Clariclea». Tiresias centra su existencia en convertirse en mujer. Su esposa le sirve de modelo para su transformación, pero de tanto dibujarla y observarla, tomará una imprevista decisión…
 

En otros dos relatos la ironía ha dejado paso al crudo sarcasmo. Son «Ligamentos», donde una bióloga enamora al narrador, quien, para seducirla, arriesgará su vida por una flor. Y «La excusa termodinámica», donde una apasionada pareja ve frustrado su fin de semana rural ante su incapacidad de encender la chimenea.

En breve os ofreceremos, por cortesía de la editorial Páginas de Espuma, el capítulo escrito por Hipólito G. Navarro para EL ARQUERO INMÓVIL: NUEVAS POÉTICAS SOBRE EL CUENTO. Si deseas recibir un aviso en tu correo electrónico el día de su publicación, mándanos un mensaje a través del formulario que encontrarás al final de la página, indicando «El arquero inmóvil».


nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial.