Los leones de la diosa Cibeles

HIPÓMENES Y ATALANTA
Javier Torras de Ugarte
Muy cerca de la madrileña Fuente de Cibeles, en el Museo del Prado, hay un cuadro del magnífico pintor italiano Guido Reni, que representa a los personajes mitológicos Hipómenes y Atalanta y que esconde fabulosos secretos sobre la génesis del monumento. Atalanta era una bella cazadora que pertenecía a la cohorte de la diosa Artemisa, quien llevaba y defendía con orgullo su virginidad. Atalanta había dado la espalda al amor y, como todas las seguidoras de Artemisa, decidió que moriría soltera, por lo que su única preocupación era danzar alegre por los bosques. No obstante, su belleza era conocida en todas partes y no le faltaban pretendientes, así que decidió retar a cualquiera que quisiera tomarla por esposa a una carrera, sabedora de que no podía perder; los que no fueran capaces de superarla, serían condenados a muerte. El joven Hipómenes se enamoró de Atalanta y, antes de competir por su mano, solicitó la ayuda de Afrodita, siempre dispuesta a hacer de celestina. Ésta le dio tres manzanas de oro procedentes del Jardín de las Hespérides y le aconsejó que las dejase caer a lo largo de la carrera. Así lo hizo Hipómenes con las dos primeras, pero Atalanta era tan rápida que las recogía y volvía a darle caza. Con la tercera manzana tuvo lugar el hechizo de amor y al fin el joven ganó la carrera.


Hipómenes y Atalanta
-Guido Reni-
(Museo Nacional del Prado)

Hasta este punto parece tan solo una hermosa historia de amor, pero aún queda la segunda parte de este cuento, la que da razón de quiénes son esa pareja de leones que tiran del carro de la diosa Cibeles en la emblemática plaza madrileña.
 

Tras algún tiempo de deambular por arcádicos bosques dados de la mano y susurrándose versos de amor, una tarde de primavera Hipómenes y Atalanta decidieron descansar en un templo que honraba a Cibeles, diosa de la Madre Tierra. Afrodita, molesta porque Hipómenes apenas le había dado las gracias por interceder en el asunto de su nueva esposa, les lanzó un sortilegio de lujuria y los dos jóvenes terminaron "profanando" el templo. Cibeles consideró aquello una afrenta digna de castigo ejemplar y, con ayuda de Zeus, transformó en leones a Hipómenes y Atalanta. Es momento de explicar que los griegos creían que los leones no se apareaban entre ellos, lo cual nos da una idea de la severidad del castigo. No contenta con ello, aquellos dos leones enamorados y condenados al celibato más estricto fueron uncidos al carro de la ofendida Diosa, del cual tiran desde entonces.

Fuente de la Cibeles de Madrid
-José María Méndez-

Así se las gastaba nuestra ilustre diosa y así se las gasta nuestra ilustre ciudad, Madrid, tan acogedora como una madre, tan sensual como una amante, canalla y alcahueta, enamorada, casta y pura, gamberra, codiciosa, lasciva…

Cuando paséis por la Cibeles, testigo de la historia de Madrid, recordad que los dos solemnes leones son Hipómenes y Atalanta, incautos amantes que ofendieron a la diosa Madre, jóvenes lujuriosos, arteros y tramposos, bellos y galantes… los primeros madrileños.

Este artículo ha sido expresamente escrito por Javier Torras de Ugarte para el blog de Historia, Arte y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a todo aquel que quiera reproducir este texto en la Red que cite su fuente.

Javier Torras de Ugarte (Madrid, 1982)
es licenciado en Historia del Arte y Doctor en Arte Contemporáneo por la UCM. Ha publicado cuatro novelas hasta la fecha (La ciudad vertical, 2011; El libro eterno, 2013; ¿Crees en la magia?, 2014 y La memoria del tiempo, 2015) y algunos relatos. Interesado por la fantasía y la ciencia ficción, prepara una nueva novela que ahonda en la ficción especulativa con estética steampunk. Sus dos primeros libros circundaban los temas de la memoria, el pasado y la historia como identidad en un ambiente distópico, asuntos que no ha abandonado desde entonces y en los que ha profundizado desde otras perspectivas, como en la ficción histórica de La memoria del tiempo. Es fiel lector de terror clásico, de novela histórica y de ciencia ficción moderna, lo que se deja entrever en sus escritos. Trabaja desde hace nueve años en una conocida galería de arte.


La fuente de Cibeles se instaló en 1782 en el extremo norte del Salón del Prado, una de las reformas urbanísticas más importantes acometidas durante el reinado de Carlos III. El diseño de este conjunto escultórico se debió a Ventura Rodríguez, mientras que su talla fue encomendada a Francisco Gutiérrez (figura de la diosa y el carro) y Roberto Michel (los leones). La diosa y los leones fueron esculpidos en mármol cárdeno del pueblo toledano de Montesclaros y el resto en piedra de Redueña, localidad madrileña cercana a la sierra de La Cabrera.


Los leones de la Cibeles
-José María Méndez-