El poder y la prostitución femenina en la España liberal, por Eduardo Montagut

Benítez le arrebata la cuartilla de mala manera y comienza a leerla.
–Estaban escondidos en una casa de mujeres públicas en la calle de Huertas –explica el secretario, con gesto displicente, mientras Benítez lee el parte en silencio–. Un antro de mala muerte. Estuvimos a punto de clausurarlo en primavera. Un cliente le pidió la cartilla sanitaria a una de las prostitutas y, como ella se negó, lo denunció en la inspección del distrito. Cuando la policía fue a la casa, la mujerzuela ya no estaba. Ninguna de las matriculadas encajaba con las señas que dio el caballero, así que supusimos que debía de tratarse de una pupila a quien el médico que las reconoce habitualmente había mandado ingresar en San Juan de Dios un par de semanas antes y que no apareció nunca por el hospital. Al final se llegó a un acuerdo amigable y todo quedó en nada, pero, ya ve usted, la dueña del prostíbulo se creía en deuda con la policía y gracias a ella hemos podido coger a los criminales. Anoche, la buena señora estaba algo indispuesta y no se enteró de la inmundicia que se había quedado a dormir en su casa; pero esta mañana, en cuanto se ha dado cuenta de lo que se cocía, ella misma ha ido a dar aviso a la guardia civil
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La cajita de rapé (Maeva, 2017)
Javier Alonso García-Pozuelo
Os ofrecemos un nuevo artículo de historia escrito por Eduardo Montagut. Puedes acceder a todos los artículos del profesor Montagut publicados, con su permiso, en CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.
 

El poder y la prostitución femenina en la España liberal
Eduardo Montagut
Las autoridades consideraron la prostitución femenina durante el siglo XIX y parte del XX como un mal social pero inevitable. El Estado liberal adoptó una postura de aceptación del fenómeno, desde una óptica pragmática, y procurando controlarlo dentro de unos límites. Sus preocupaciones iban por enmarcar su ejercicio en un espacio determinado, aislado, evitando el peligro del supuesto escándalo y para controlar los aspectos sanitarios del mismo. Para cumplir estos objetivos se legisló, como tendremos ocasión de tratar en este artículo. En ningún caso interesaba la realidad social y personal de la prostituta, su explotación y condición de marginada. Tampoco se planteaba tratar de abolir la prostitución, ya que se convirtió en una especie de válvula de escape para la supuesta incontenible sexualidad masculina con el fin de preservar el matrimonio, pilar del orden burgués. La prostitución ejercería, por lo tanto, una especie de labor social y, por otra parte, proporcionaba sustento a muchas mujeres. Utilitarismo, pragmatismo y egoísmo o insensibilidad son principios fundamentales sobre los que el liberalismo sustentó su teoría y práctica de la prostitución femenina.

El análisis de la legislación nos permite comprobar esta filosofía y preocupaciones del poder: acotación de espacios donde se podría ejercer, como barrios y casas, y control sanitario, obligando a tener cartillas y pasar revisiones médicas periódicas. Durante el siglo XIX estas disposiciones serían de ámbito municipal o provincial.
 

El Código Penal de 1848 no consideró la prostitución como un delito al formar parte del ámbito de la privacidad. Solamente se podrían emprender acciones legales contra las prostitutas, es decir, detenerlas y acusarlas de cometer un delito si infringían las órdenes y reglas sanitarias o por cometer escándalos, los dos peligros que el poder quería evitar a toda costa, como estamos insistiendo. En Madrid, tanto en 1858 como 1865, se aprobaron sendos Reglamentos de obligado cumplimiento para las prostitutas: barrios de la capital donde se podía ejercer la prostitución, matrícula y cartilla sanitaria. Pero, además, las autoridades exigían que las prostitutas tenían que contribuir a los gastos de los servicios médicos y de vigilancia, ya que los costes no podrían revertir exclusivamente sobre el erario municipal.
 

El gobierno civil de Madrid aprobó en 1877, en tiempos de la Restauración, un Reglamento sobre la inspección médica de las nodrizas y prostitutas. Suponía un paso más en el control de las autoridades, ya que introducía la inspección de los inmuebles donde se ejercía la prostitución, y se elaboraba una clasificación de estas casas de lenocinio. Por fin, se estipulaba una tabla de tarifas y cuotas en función de la categoría de las casas de citas.
 


Pero como había una evidente disparidad de criterios entre unas provincias y otras, el gobierno optó por unificar criterios, ya iniciado el siglo XX. En 1908 se aprobó una Real Orden que regulaba la prostitución, de aplicación en todo el país, la primera vez en España y que tiene, por lo tanto, una importancia capital.  El gobierno se sentía incapaz de desterrar la prostitución, considerada una verdadera plaga social, siendo un ejercicio inmoral y además con derivaciones sanitarias. La prostitución debía ser tolerada y tratada, como se habría hecho siempre en todos los pueblos civilizados, como una industria dañina, como se hacía con otras industrias insalubres en las legislaciones sanitarias, aunque respetando la figura de la prostituta, que era considerada una desgraciada mujer,  en una situación de inferioridad legal, económica y social. Habría que evitar, pues, daños sanitarios y perjuicios a las costumbres públicas, en un verdadero ejercicio de hipocresía. Solamente importaban estas dos cuestiones sobre las que gravita este artículo, caracterizando a las prostitutas desde una óptica harto paternalista.

La defensa de las prostitutas, la lucha contra su explotación y situación comenzaron a cobrar cierta importancia en el nuevo siglo XX, pero solamente la II República intentó abordar la cuestión desde una óptica global y claramente a favor de las mujeres. Merece un trabajo aparte.

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Eduardo Montagut (Madrid, 1965)
es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.